lunes, abril 18, 2005

MTV ---> Mundo MariNo

Como si hiciera falta comprobar que la temporada terminó hace rato, por la ruta 2 pasa, en dirección a Buenos Aires, un trencito de la alegría que huye de la costa atlántica, ya sin felicidad forzada ni hombres araña o panteras rosa a bordo. San Clemente del Tuyú está convertido en un pueblo semifantasma: no hay nadie en las calles, nadie en la playa. Y Mundo Marino, su gran atracción turística, está cerrado. Bueno, no herméticamente: después de entrar por una puerta lateral, se divisa a un grupo de gente tramando algo. Lo primero que se ve al lado del micro es un enorme bolso negro con una gran cruz roja pegada; más allá, un cachorro de puma encadenado a un jeep. Señales de que estamos en el lugar correcto: si hay cámaras, un animal salvaje e indicios de que alguien puede lastimarse, esto es lo que buscábamos: la grabación de Wildboyz.

Después nos enteraremos de que el felino estaba ahí por casualidad, y de que el botiquín raras veces se usa, pero no importa. Ahí están, en efecto, Johnny Knoxville y Steve-O, dispuestos a seguir produciendo idioteces. Todo empezó con Jackass (asno, imbécil), el programa que MTV emitió durante un par de temporadas con un éxito increíble. Ahí se veía a una troupe de kamikazes liderados por Knoxville hacer todo tipo de hazañas absurdas, estúpidas y/o asquerosas: lanzarse en bicicleta contra un árbol, tirarse en kayak por las empinadas calles de San Francisco, organizar conciertos de heavy metal a la madrugada en el domicilio paterno, zambullirse en montañas de excremento.

Uno de los más destacados de la troupe era este Steve-O, convertido en ídolo gracias a tragarse un pecesito de colores y vomitarlo vivo, bañarse en su propia orina, comer lombrices, andar en patineta sobre el parabrisas de un auto e infinidad de gracias por el estilo.

Tanto gustaron sus habilidades que a fines del 2003, ya terminado Jackass, él y otro talento de la idiotez, Chris Pontius, se lanzaron con programa propio, Wildboyz (Muchachos salvajes). Consiste en viajes por el mundo: ya estuvieron en países como Australia, Bélice, Brasil, México, Sudáfrica, y en cada uno visitaron lugares extraños, probaron comidas exóticas, interactuaron con animales, trataron de imitar las costumbres locales. En síntesis: un par de Marleys angloparlantes, con más audacia y chabacanería, menos chicas en pantalla, y el mismo nivel neuronal. Están en la Argentina desde el 27 de marzo, y algunas de sus escalas fueron San Antonio de Areco (ordeñaron a un caballo y se tomaron el semen), el zoológico de Luján (metidos en un disfraz de llama, se hicieron montar por un ciervo rojo alzado), El Chaltén (se tiraron por las paredes heladas de una cueva vestidos de Superman) y Puerto Madryn (mamaron de las ubres de una cerda preñada). El programa va por su tercera temporada, pero no está al aire: estas imágenes recién se verán en junio por MTV (44 de Multicanal, 62 de Cablevisión, 129 de DirecTV).

Se dividieron en dos equipos: Pontius fue al sur, y en Buenos Aires se quedó Steve-O. Por eso, es él quien ahora se está desvistiendo junto a Johnny Knoxville —invitado especial— para ponerse un traje de neoprén. Queda a la vista una constelación de tatuajes reveladores: una hoja de marihuana en el brazo derecho; en el izquierdo, un pene con líquido goteándole de la punta; la espalda cubierta por su propia cara, enorme, con los pulgares hacia arriba, una frase (yeah, dude, I rock!) y su firma, también enorme. En los nudillos de cada mano se leen dos palabras: shit y fuck. Fin de la puesta a punto: el neoprén ya cubrió las obras de arte de Steve-O, y ellos están listos para la audacia del día, que consiste en fastidiar a una orca y unos delfines.

Antes, el equipo de producción y los empleados del acuario firman unos papeles legales para garantizar que, en caso de que algo falle, nadie haga reclamos. Para que no queden dudas de la autenticidad, una asistente saca polaroids de los firmantes. "¿Qué estamos firmando?", pregunta Johnny Knoxville. "No sé, algo en español", le responde Steve-O, preocupadísimo.

Y ahí, en un piletón, los espera Kshamenk, la orca macho de 3.600 kilos que hará piruetas para las cámaras. Con su gran aleta doblada por falta de uso, el bicho tiene expresión de abatimiento. Munido de baldes repletos de pescado —come cien kilos por día— y unos silbatos de ultrasonido, un entrenador lo va preparando para su trabajo ante cámaras. No será su debut: por Mundo Marino pasaron, entre otras producciones, Videomatch y Gustavo Bermúdez con su telenovela Nano. Steve-O y Knoxville aprenden enseguida las tres o cuatro señas para dominarlo. Eso sí: tienen prohibido tocarlo. El numerito es simple: el animal surge del agua para depositarse en una plataforma y, con un movimiento de la mano, ellos le hacen abrir la boca; con otro, emitir un sonido; con otro, moverse en un grotesco bailoteo. Después, se sientan al borde del piletón y Kshamenk los escupe. Uno no puede decidirse entre sentir la tristeza del zoológico o la angustia del circo; todo inspira a componer una nueva versión de El oso de Moris. La tentación de que el cetáceo se descontrole y devore a un wildboy es grande.

Después les toca a los delfines. "Argentina es famosa por tener las mujeres más lindas del mundo, pero ¿a quién le importa? ¡Lo que yo voy a montar es un delfín!", exclama Steve-O antes de tirarse al agua para usar al mamífero a modo de moto acuática. "No son para nada estúpidos: al contrario, son unos entertainers muy inteligentes", desmiente Craig Conolly, productor del ciclo.

También niega que sus muchachos sean suicidas en potencia: "Tienen más respeto por sí mismos de lo que parece: les encanta viajar, explorar países y conocer gente, y por eso se cuidan. Antes de hacer algo, nos aseguramos de que sea seguro, legal y real. Hay que encontrar un punto justo entre lo que es cool y lo que es seguro". Con el equipo de filmación, cuenta, siempre trabaja un médico y, a veces, una ambulancia. Esta vez no es necesario tanto, aunque una profesional se encarga de recetar y comprar antibióticos para la sinusitis de Knoxville y desinfectante para una herida de Steve-O, producto de una de sus infinitas caídas de un caballo salvaje en San Antonio de Areco. O de haber sido arrastrado por una jauría de perros que intentó pasear, en rollers, por Buenos Aires.

¿Este chico no siente el dolor? "Siento el dolor como cualquiera, y por eso es gracioso. No es que me guste, no soy masoquista. Pero tampoco me gusta trabajar, así que prefiero estar un poco dolorido", explica el propio Steve-O, y larga una de esas risotadas que tanto acercan la nota a una entrevista con Beavis & Butt-Head (juntos). ¿Y el miedo a la muerte? "Todos vamos a morir, así que no tiene sentido tenerle miedo a eso. Sí le temo al olvido: quiero ser recordado para siempre". ¿Cómo empezó? "Era adolescente y trataba de llamar la atención. Pero no tengo mucho talento. Entonces, mi mejor manera de impresionar es hacer cosas riesgosas y asquerosas". ¿Y qué tal este viaje? "Sudamérica me gusta, pero la marihuana no es tan buena. ¡Aunque la cocaína es asombrosa! Ojo, sólo estoy bromeando". Otra risotada, y se despide para ir a martirizar a unos pingüinos.